Entre todos los órganos de nuestro cuerpo hay uno que no puede apagarse nunca, pase lo que pase. ¿El corazón? No exactamente, el corazón puede detenerse y volver a latir al cabo de un rato, gracias a una reanimación, por ejemplo.

El órgano que nunca puede apagarse es el cerebro: si lo hace, o le llega menos energía, los daños son importantísimos y a menudo dejan secuelas para toda la vida. Las neuronas, que cargan con gran parte del peso de nuestra actividad cerebral, son muy delicadas y si pierden su aporte de oxígeno y energía pueden causar problemas gravísimos.

hipoxia cerebral en el deporte

En este artículo vamos a aprender qué es la hipoxia cerebral, y cómo se diagnostica, se recupera y se previene. Así, podrás estar preparado si, por desgracia, a ti o a uno de tus seres queridos les ocurre.

Causas de la hipoxia cerebral

La hipoxia es una palabra médica que hace referencia a poco oxígeno (hipo: poco, oxia: oxígeno). Así, una hipoxia cerebral se produce cuando al cerebro no le llega suficiente oxígeno. Como las células del cerebro usan mucho oxígeno para su actividad habitual, una hipoxia puede tener consecuencias muy graves. De hecho, se considera que los daños tras más de 5 minutos de hipoxia son ya irreversibles. Pero ¿cómo se produce?

Hay muchos mecanismos que detienen el flujo de oxígeno al cerebro. Podemos diferenciar aquellas en las que el problema es exterior de aquellas en las que el problema está en el aparato circulatorio o en el propio cerebro.

  • Las causas externas pueden ser respirar monóxido de carbono (presente en el humo, desplaza al oxígeno de los glóbulos rojos), asfixiarse por ausencia de oxígeno, ahogarse, atragantarse, un ataque de asma…etc.
  • Las causas del sistema respiratorio pueden ser un paro cardíaco, que hace que la sangre no se bombee por el cuerpo, o un trombo, que no dejará pasar sangre a esa zona. Por último, también puede haber otras causas más raras como lesiones cerebrales o complicaciones con algunos fármacos o anestesias.

que pasa si falta oxígeno en el cerebro

Cualquier persona puede estar en riesgo de sufrir hipoxia cerebral, ya que todos podemos tener un accidente o una lesión. Eso sí, hay personas que por su edad, trabajo o modo de vida tienen más riesgos. Por eso es importante la prevención.

Síntomas de la hipoxia cerebral

Los síntomas dependerán de la duración de la hipoxia y de cuánto oxígeno había disponible mientras. Así, pueden ser moderados o graves, lo cual marcará también el pronóstico posterior de la persona afectada. Las células del cerebro pueden aguantar aproximadamente 5 minutos sin oxígeno, y después empiezan a morirse.

Los síntomas moderados pueden ser tan sutiles como una pérdida temporal de la memoria, no poder mover algunas partes del cuerpo, dificultad para tomar buenas decisiones o pérdida de atención. Esto depende de la zona del cuerpo que haya quedado alterada.

Cuanto más tiempo se pase en hipoxia, más graves serán los síntomas. Estos pueden llegar a ser convulsiones, coma o incluso muerte cerebral, que a la larga es sinónimo de decir “muerte”. En este caso, el cerebro no tiene ningún tipo de actividad, ni tampoco se puede recuperar. Por eso se necesita respiración asistida y estar continuamente conectado a una máquina de soporte vital, aunque el corazón sigue bombeando sangre.

Diagnosticar una hipoxia cerebral

Generalmente es un médico quien la diagnostica, aunque puede ser interesante conocer los síntomas mencionados anteriormente para poder alertar cuando sea necesario. Vale la pena saber reconocer una situación de riesgo y actuar adecuadamente para poder reducir las consecuencias al mínimo o incluso evitarlas.

El médico tomará nota de la historia clínica, realizará las preguntas necesarias para saber si ha ocurrido algún síntoma y también puede usar otras herramientas para completar el diagnóstico. Por ejemplo, una angiografía del cerebro, que proporciona una imagen de los vasos sanguíneos y que reflejará los posibles daños. También puede hacer un escáner para ver las lesiones cerebrales o una resonancia, así como un encefalograma (mide la actividad cerebral y quizás permita reconocer el origen de las convulsiones, si es que las hay).

Por otro lado, muchos de los tests van encaminados a descubrir la causa de la hipoxia, además de confirmarla. Se hacen exámenes de los pulmones (rayos X por ejemplo), ecocardiograma o electrocardiograma para comprobar la actividad del corazón, o análisis de sangre para medir los niveles de oxígeno que había en ella.

Hay que tener en cuenta que es complicado diagnosticar exactamente el tipo o grado de hipoxia cerebral que ha ocurrido. A menudo, tras un accidente o lesión por ejemplo, se sabe que ha habido una hipoxia y que el cerebro ha sufrido algún tipo de daño, pero no se puede conocer la extensión de este ni las consecuencias que tendrá.

Si ves que ocurre algún accidente de este tipo a tu alrededor, llama inmediatamente a emergencias. Si la persona pierde el conocimiento, asegúrate de que tiene pulso, de que está en una posición de seguridad y de que no puede asfixiarse con su lengua y avisa a emergencias. No trates de levantarlo ni moverlo: es mejor que lo evalúe un profesional.

Si no tiene pulso, puedes tratar de realizar la reanimación cardiopulmonar: si consigues seguir insuflando aire a sus pulmones puedes evitar la hipoxia cerebral.

Hipoxia cerebral en el deporte

En primer lugar, tengamos en cuenta que el deporte en general es muy beneficioso para la salud. Previene la diabetes, la obesidad, la subida de colesterol, aumenta las endorfinas… es decir, mejora tu salud tanto a largo como a corto plazo. Eso no quiere decir que todo el deporte sea seguro. De hecho, ciertas actividades deportivas pueden ser un factor de riesgo para la hipoxia cerebral.

Concretamente, los deportes que conllevan un riesgo de golpes graves en la cabeza o en las vías respiratorias pueden predisponer a la hipoxia cerebral. ¿Ejemplos? Boxeo, fútbol americano, escalada en montaña y también buceo o natación por el riesgo de ahogamiento.

Desde aquí no queremos decir que no se practiquen estos deportes, solo que se sea consciente del riesgo que comportan y que se realice la actividad con todas las medidas preventivas posibles y con la responsabilidad necesaria.

Recuperación después de una hipoxia

Cuando se produce una hipoxia se necesita tratamiento inmediato. El flujo de oxígeno debe restablecerse lo antes posible para evitar males mayores y por eso a menudo se usan sistemas de soporte vital inmediatamente. El resto de tratamientos dependerán del grado de hipoxia.

sintomas de una hipoxia cerebral

A menudo se debe poner sangre al paciente o darle fármacos para mejorar la función sanguínea, o en otros casos hay que atajar primero la causa de la hipoxia. También se dan fármacos para evitar las convulsiones.

La recuperación dependerá mucho de la hipoxia y hay que saber que muchas personas nunca se recuperan. En general, hipoxias cortas en gente joven, con asistencia rápida y ojos que se mueven indican que los daños han sido menos graves y que se podrá recuperar. En otros casos, puede que el daño haya sido demasiado. Es mejor consultar caso a caso con el médico, ya que él o ella sabrán explicar lo mejor posible el pronóstico.

Durante la recuperación también ocurren dolencias, aunque generalmente se reducen con el tiempo. Por ejemplo, esto puede ser amnesia, alucinaciones, insomnio, pérdidas de memoria, cambios de humor, tics o convulsiones, cambios de personalidad o problemas de visión.

Es importante mencionar que una hipoxia cerebral puede ser fatal tanto en el momento de sufrirla como tiempo más tarde. Muchas veces no es posible salir del coma, y en otras ocasiones el estado de la persona empeora. Sin embargo, también es cierto que muchas personas se han recuperado de la hipoxia cerebral sin consecuencias o muy leves.

Prevenir las hipoxias cerebrales

Viendo las causas de la hipoxia cerebral, es evidente que no todas se pueden prevenir. Dependerá en gran medida de tu modo de vida y por supuesto, de la suerte. Es muy difícil prevenir un incendio, o un accidente de coche, y lo único que puede hacerse es tomar siempre todas las medidas de seguridad posibles.

En el caso de deporte o transporte en bicicleta o moto, lleva siempre equipamiento de seguridad, como casco. También asegúrate de no llevar a cabo comportamientos de riesgo. Puedes practicar tus actividades favoritas, pero siempre con cuidado y responsabilidad.

En el caso de las hipoxias que vienen dadas por problemas del sistema circulatorio, lo mejor que puedes hacer es cuidar tu salud. Come una dieta saludable y equilibrada, no abuses de azúcares ni de grasas saturadas, haz ejercicio, no fumes y no bebas alcohol. Cuidar tu cuerpo en general es una buena manera de prevenir enfermedades, no solo hipoxias cerebrales sino muchas otras: infartos, diabetes, ictus, trombosis, cáncer… y un sinfín más.

Por último, también puedes prevenir la hipoxia cerebral de otra persona si sabes reconocer las situaciones de potencial hipoxia, actuar eficazmente llamando a emergencias y hacer la reanimación cardiopulmonar, como ya hemos comentado. Es buena idea invertir tiempo en aprender a hacer primeros auxilios. ¡Puedes salvar vidas y ayudar a gente que de lo contrario sufriría unas consecuencias fatales!